lunes, 18 de marzo de 2013

Umberto Eco, "El nombre de la rosa"


El libro es la primera novela del afamado escritor y filósofo italiano Umberto Eco. Fue publicada en 1980, de forma que el autor se inició en la narrativa a una edad madura (nació en 1932), si bien ha comentado en distintas ocasiones que hizo algunos experimentos en la juventud.
       La obra se ambienta en el siglo XIV, concretamente a finales del año 1327, teniendo como telón de fondo el conflicto entre el papa Juan XXII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Luis IV de Baviera, quien ostentaba el título de duque de Alta Baviera y Rey de romanos durante el desarrollo de la historia del libro. La querella surgió, de forma general,  por la coronación de Luis como emperador sin autorización papal tras haber vencido a su opositor, Federico de Austria, en 1325, habiéndose proclamado Juan regente provisional en 1323 sobre el trono alemán hasta que se solucionara el conflicto entre los aspirantes. A esto habrá que añadir más tarde la correspondiente excomunión de Luis y la consecuente invasión de éste a Italia.
En el mismo marco también aparece el conflicto entre el mismo pontífice con los franciscanos. En este caso surgió debido a que la ascendente ostentación de la corte (efectivamente, en esto se había convertido) aviñonesa era del todo incompatible con la visión de pobreza y austeridad inspirada en Jesús y sus discípulos que defendían los franciscanos y, más fervientemente dentro de esta orden, los llamados espirituales o “fraticelli”, que se mostraban más radicales en este punto.
            En este entorno, el narrador testigo, Adso de Melk, acompañará a su maestro, fray Guillermo de Baskerville (franciscano) a una abadía benedictina, donde el segundo tiene la misión de organizar un encuentro entre franciscanos y enviados papales para discutir acerca de la cuestión de los fraticelli e intentar llegar a algún indicio de acuerdo entre las partes, el papa y la orden de los franciscanos. Una vez allí, el abad encomendará a Guillermo otro encargo, el de indagar sobre la muerte de uno de los monjes. La abadía se convertirá en el escenario de una investigación que desenterrará el infierno de su biblioteca entre los clérigos, tras la aparente rectitud y prestigio de la misma.
            El protagonista, fray Guillermo de Baskerville, antiguo inquisidor ­­—oficio que ejercía alejado del estereotipo —, interesado en la ciencia y de origen británico, es un personaje que concuerda con nuestra imagen de maestro. Es tranquilo, observador, erudito e inteligente. Capaz de procesar la información que extrae de forma directa del mundo y de relacionarla con rapidez, recuerda también al perfecto detective ducho en su oficio, relacionándose incluso con Sherlock Holmes, de acuerdo al interés del autor por la obra de Arthur Conan Doyle.
            El narrador, Adso, cuenta la historia desde la vejez y se presenta como testigo de los hechos pero también como participante. Es un joven novicio benedictino del monasterio de Melk, en Alemania, hijo del barón de Melk, que combate en el ejército del emperador y que lo encomienda a fray Guillermo para alejarlo de la guerra durante su estancia en Italia. Ávido de conocimientos, se fija en su maestro y le ayuda en la investigación, pero, siendo joven, tiene rasgos propios de su condición.
            En la abadía también aparecen otros personajes, de entre los que destaco:
            Abbone, el abad, Malaquías, firme guardián de la biblioteca, Jorge de Burgos, hermano ciego que goza de un gran respeto entre los monjes, Berengario, ayudante del bibliotecario, y Alinardo, quien resulta ser bastante interesante.
            También únicamente mencionar los personajes históricos: Ubertino da Casale, Michele de Cesena, Bernardo Gui y Bertrando del Poggeto.
            Desde luego Umberto Eco muestra un libro cargado de referencias históricas, que a veces pueden ocupar varias páginas, que muestran la plena consciencia de los personajes acerca de la realidad de la época. Asimismo, la profundidad y alcance de las opiniones de los personajes, sobre todo las de Guillermo y Jorge, que exponen en los intrincados diálogos confieren a la obra un alma filosófica. No cabe ninguna duda respecto al trabajo de documentación previo a la proyección de la novela y a la reflexión sobre la construcción de cada frase durante la misma. 
           El estilo no es culto, sino que es refinado y elevado a altas cotas. Lo más característico, y creo que más de uno estará de acuerdo conmigo, son las exhaustivas descripciones, acompañadas en ocasiones de enumeraciones extensas, los párrafos en latín y el retoricismo en los parlamentos. Sin embargo, no deja por ello de ser una obra completamente entendible, y más si se explora en las referencias que mencionan los personajes.
            No se trata de un libro ligero, de un libro superficial, de fácil lectura, de avión. No es por esto para todo el mundo, para los que leen como ven la televisión. Es un libro cuya lectura debe realizarse sin prisa, disfrutando de la lograda ambientación, participando de las discusiones y, por supuesto, siguiendo los pasos de la resolución del misterio. Hay opiniones que dicen que le sobra contenido y que es pesado, e incluso yo mismo lo he pensado, pero cuando lo acabas sin duda ha merecido la pena.

Eduardo Fernández Ortuño, 1º  Bachillerato BC

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